“26 de abril, Día Mundial de la Propiedad Intelectual”
Como sociedad, nos vemos beneficiados por la incorporación e utilización de innovaciones en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Productos, servicios, mejora de procesos, softwares, alimentos, algoritmos, medicinas, la lista puede ser interminable, son algunos de los miles de ejemplos que existen y en donde la permanente innovación resulta en claros aportes de valor para la humanidad.
Toda innovación que genere valor y beneficios, es el resultado final de la aplicación de conocimientos científicos que implementan miles de personas y compañías, en las cuales, la necesidad de sobreponerse a los desafíos actuales y la innovación forman parte de su motivo de existencia.
No caben dudas, que este esfuerzo intelectual materializado en innovación debe ser reconocido, valorado y protegido por el beneficio que otorga para la sociedad.
El mejoramiento genético vegetal, de la misma forma que el resto de las innovaciones tecnológicas no es una excepción, y detrás de cada nueva creación fitogenética existe una enrome inversión de tiempo, aplicación de conocimientos, implementación de tecnologías y procesos, y por ello, debe obtener el mismo nivel de reconocimiento, valor y protección que cualquier otra innovación.
El mundo enfrenta un constante desafío de requerir más y mejor alimentación, la agricultura tiene un deber enorme en dar respuesta a esta demanda, y en este sentido, el mejoramiento genético vegetal es sin dudas el mejor camino para la obtención de más y mejores variedades en beneficio de los productores, del país, y la humanidad en su conjunto
La propiedad intelectual y su reconocimiento forman parte de las sociedades modernas, conformando el ámbito adecuado para fomentar y permitir el progreso y la evolución de la creatividad y la innovación
Países que han podido resolver temas vinculados al reconocimiento de la propiedad intelectual de las creaciones fitogenéticas, gozan de una oferta de variedades y tecnologías que permiten un mayor beneficio económico al agricultor primero, y al resto de la industria luego.
Argentina tiene una materia pendiente en este sentido, y si bien estos últimos años el tema está presente, debemos aún terminar de conformar el ámbito propicio que fomente la inversión necesaria para garantizar más y mejores variedades.
Debido a esta falta de mecanismos modernos en reconocimiento a la propiedad intelectual, Argentina ya evidencia un atraso tecnológico frente a sus principales competidores, con el riesgo de continuar perdiendo competitividad frente a otros países, y peor aún, de haber iniciado un proceso de paralización de innovaciones fitogenéticas. Desde PROSOJA, fomentamos y apoyamos al reconocimiento de la Propiedad Intelectual y los derechos de los obtentores, como herramienta que garantice un adecuado ámbito para la creatividad e innovación en fitomejoramiento.